Chávez, el personaje más grotesco y atrabiliario de todo el Continente, el que habla con los muertos, el conocido de un imbécil con residencia de Madrid, el amigo de Evo, Castro, Correa, Ortega, Ahmadineyad y demás boñigas deberá hacer frente a acusaciones muy graves relacionadas con el terrorismo. Se ha descubierto, gracias a la incautación de los ordenadores del narco Reyes que:” Caracas, entre otras cosas, iba a prestarle 250 millones de dólares al grupo guerrillero para la adquisición de armas.” Y además: “En un mensaje del 2007, el principal interlocutor de los guerrilleros ante el presidente de Venezuela, Hugo Chávez; ‘Iván Márquez’, dice que el jefe militar de inteligencia, el general Hugo Carvajal, y otro general venezolano “nos van a hacer llegar la próxima semana 20 bazucas”. Estas son sólo algunas de las perlas que se van conociendo y que demuestran que don Gorila Rojo Frías es un delincuente común con resabios terroristas.
Que un tribunal tendrá que dictaminar la certeza de tales pruebas, nadie lo discute, que tiene el chorizo derecho a la presunción de inocencia, todos lo sabemos, pero lo que todo el mundo intuye es que el de Miraflores no es inocente. Sus actos han sido siempre concluyentes: los propios de un facineroso que fracasó en su intentona golpista para asestar después, como Jefe del Estado, otro golpe a la legalidad constitucional de su país. Ha cercenado el señor Chávez la libertad de expresión, ha perseguido a la oposición democrática de Venezuela, y ha enaltecido e incluso guardado un minuto de silencio por los terroristas muertos de las FARC, en enfrentamientos con el ejército colombiano.
Ante tan graves sospechas, Chávez debería dimitir de su cargo, y si no lo hace, se le debería obligar a renunciar a la presidencia de la República de Venezuela, por las buenas, o por las malas. Y si tiene que ser con malas maneras, así sea, pero lo antes posible.









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