Ayuda a la Iglesia Necesitada, hace un llamamiento a la comunidad internacional para evitar que Kivur se convierta en otro Darfur.
AYUDA A LA IGLESIA NECESITADA. ¿Se está repitiendo la historia? ¿Estamos a punto de ser testigos de otro genocidio? Las imágenes nos son familiares. Cientos de miles de personas en la frontera regional del Congo Oriental, cerca de Ruanda, están huyendo de los rebeldes, que son, obviamente, apoyados por el Gobierno ruandés. La gran mayoría de ellos son católicos, pacíficas familias campesinas que querían comenzar una nueva vida, plantando sus cosechas y cuidando su ganado, a raíz de la última guerra, de la que se cumplen 14 años. Sin embargo, desde el 7 de octubre las cosas han comenzado a estar igual que entonces. Los campos están vacíos, los niños abandonados deambulan con impotencia, las viudas y los ancianos están a la búsqueda de una vivienda y las escuelas están llenas de refugiados que no tienen nada. "Ni siquiera mantas o un puñado de frijoles o maíz, con los que poder mantenerse por el momento", dice un sacerdote en la gran diócesis de Goma. Él no sabe por dónde empezar con estas personas, que han huido llenas de pánico. El trauma del pasado ha vuelto a su vida de nuevo y mira, aterrorizado, la realidad. "Las madres y los niños necesitan agua, necesitan mantas, porque las noches son ya demasiado frías". De alguna manera, debe encontrar un techo y algo de comer para cerca de un millar de familias y varios miles de personas perdidas y errantes. La Iglesia Católica, junto a las otras iglesias que trabajan en la región, es para muchas personas la única esperanza de supervivencia. La asociación internacional Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN) está trabajando con ellos y ya ha enviado ayuda de emergencia. “Cuantas más donaciones se hagan, más podremos ayudarles”, ha dicho un portavoz de la institución en su sede internacional. La parroquia de Rutshuru pertenece a la diócesis de Goma. Esta ciudad se encuentra en el norte de la provincia congoleña de Kivu, a orillas del lago del mismo nombre. Desde finales de octubre, la región de Kivu ha estado a la merced del líder rebelde tutsi, Laurent Nkunda, y sus soldados. Ellos han saqueado, violado, quemado y asesinado a personas, al igual que han hecho los soldados que huyen del ejército congoleño. "No debemos permitir que Kivu se convierta en un segundo Darfur", asegura un trabajador de la la zona, cuya identidad debe permanecer en el anonimato. "Pero Kivu ya es un segundo Darfur, y el mundo no quiere oír hablar sobre esto", añade con resignación. El mundo está obsesionado con la actual crisis financiera, y bajo la sombra de esta crisis, la gente está muriendo en Kivu como resultado de una guerra incontrolada, bajo la mirada de las Naciones Unidas y sus tropas. La mayoría de estas tropas están bien equipadas y son tres veces más fuertes numéricamente que los rebeldes. Pero su intervención no está siendo realmente decisiva, porque en algunos casos están incluso abandonando sus posiciones. El Consejo de Seguridad prefiere levantar un dedo en señal de alerta en lugar de establecer la intervención de un comando. Más de un millón de personas – la cifra está estimada en 1,2 millones - ya han huido al norte de la provincia, lo que supone aproximadamente el mismo número de refugiados que en Darfur. Y, como en Sudán, también en el noreste de la República Democrática del Congo se dan todo tipo de razones para la guerra: los conflictos étnicos, hutu contra tutsi, los ataques por parte de la policía, la opresión de las minorías, etc. Sólo una no se menciona, el deseo de las enormes reservas de minerales en la región, que el gobierno de Ruanda se ha fijado como objetivo. Goma es una diócesis de horror y de esperanza. Ya en 1992 y 1993 esta diócesis fue saqueada y destruida varias veces. En 1994 más de un millón de refugiados procedentes de Ruanda huyeron de la guerra y el genocidio, saturando esta región. Una epidemia de cólera causó la muerte de 50.000 refugiados. Familias de seis miembros vivían con menos de medio dólar al día. Entonces, hace seis años, el volcán del monte Nyiragongo entró en erupción, causando estragos. Hubo caos, hambre y falta de agua potable; aldeas y barrios enteros fueron destruidos y los campos quedaron inservibles. Sin embargo, a pesar de esto, los valerosos sacerdotes y monjas se organizaron una y otra vez para traer la esperanza de una vida mejor a la gente. Ellos construyeron escuelas y centros de salud. Pero ahora todo ha sido una vez más colapsado por los refugiados. Solo con la mitad de un dólar una familia podría sobrevivir. Pero mientras tanto, el mundo tiene sus ojos puestos en la Bolsa de Valores.

2 comentarios:

On 18 de noviembre de 2008 15:47 , Augusto dijo...

Que foto mas terrible! Y luego éstos son los que arriban en pateras y deambulan por nuestras calles.
Pero decir ésto es racismo. Perdón! Perdón!

 
On 24 de agosto de 2010 05:59 , Anónimo dijo...

Este tipo de foto es bastante deprimente, mpero de no ser publicada no tomaramos conciencia de lo afortunados que somos algunas personas