En La Gran Época, aparece un artículo estremecedor en el que se informa sobre una masiva intoxicación en Panamá provocada por un "jarabe asesino" de procedencia china, que ya ha producido 142 muertes. China, exporta juguetes peligrosos; zapatos y sillones que producen quemaduras en la piel; pienso mortal para mascotas ; alimentos contaminados y fármacos que acaban con la vida de quienes los consumen. La República Popular China se ha convertido en un peligro para los consumidores de todo el mundo desde hace ya bastante tiempo pero, sin embargo, éste país sigue exportando sus mercaderías envenenadas sin ningún control, y cada día nos siguen llegando nuevas noticias sobre productos chinos que producen daños o la muerte de quienes los consumen. Y lo que resulta verdaderamente asombroso es que un régimen que gasta ingentes cantidades de millones de dólares en controlar Internet y los correos electrónicos de los disidentes chinos, no sea capaz de supervisar las actividades delictivas de empresas criminales que con su actuación han dejado un rastro de centenares de cadáveres en toda China, como sucedió en el caso de lo empresa láctea Sanlú.
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LA GRAN ÉPOCA.

La fiscalía de Panamá solicitó la extradición de la española Ascensión Criado Martín, administradora y accionista de Rasfer Internacional SA, la empresa con sede en Barcelona que compró 9.000 kilos de glicerina a China para elaborar un jarabe expectorante que intoxicó a miles de panameños y dejó 142 víctimas fatales.

La glicerina importada de China por Rasfer Internacional SA, fue asignada a la compañía Medicom de Panamá que elaboró los 100.000 frascos del jarabe envenenado con dietilenglicol, un alcohol utilizado como refrigerante y líquido para frenos, que la Caja de Seguro Social panameña distribuyó gratis en las áreas pobres del país.

La responsable de Rasfer Internacional S.A afirmó que su empresa no analizó el producto recibido desde China, ya que tal responsabilidad recae sobre el fabricante del medicamento y el de la materia prima, y añadió que la comprobación del certificado de análisis facilitado por el distribuidor chino fue “únicamente documental”.

Criado señaló que los bidones con glicerina estuvieron en el puerto de Barcelona, no en las dependencias de Rasfer, y que la firma no pidió las muestras originales del producto. “No debíamos ni podíamos re analizar el producto”, declaró ante el juez..

A su vez, la empresa panameña Medicom analizó el producto para determinar la calidad y pureza de la glicerina, pero no comprobó si contenía sustancias tóxicas. Luego de ser aprobado, el medicamento fue distribuido en todo el país.

Medicom ha cerrado, y su representante, Ángel de la Cruz, está en prisión.

Las autoridades panameñas declararon que la cifra de víctimas mortales por la intoxicación podría elevarse a miles, ya que unas 15.000 personas recibieron recetas de la Caja de Seguro Social panameña y en el interior del país no se ha hecho un recuento de víctimas detallado como en la capital del país.

Confinado a una máquina de diálisis

La vida de Leocadio Wegham, de 17 años, está atada a una máquina de diálisis a 12 horas de autobús desde el pueblo donde reside, en el área indígena de Boca del Toro (Panamá). Tres veces a la semana el joven tiene que viajar hasta la provincia de Chiriqui para someterse al tratamiento.

Leocadio sufrió los mismos síntomas que las otras víctimas: alteraciones del sistema nervioso, náuseas, vómitos, fallos renales agudos, lesiones hepáticas y pancreáticas, edema pulmonar e insuficiencia renal. “Nadie sabe cuánta gente ha muerto. Nosotros creemos que hay miles de casos”, asegura Gabriel Pascual, de 37 años, presidente del Comité de Víctimas.

Pascual ha perdido a su abuela de 90 años, y a su padre de 70, fallecido hace varias semanas. “Es el último muerto de esta tragedia”, dice.

Siguiendo los pasos del “jarabe asesino”

La ruta del “jarabe asesino”, como es conocido en la actualidad, se inició en la población china de Hengxiang, en el delta del Yangtze, donde se encuentra la sede de la compañía Taixing Glycerin Factory.

Los 46 barriles de glicerina fueron comprados por el intermediario chino CNS Fortune Way, con sede en Beijing, y fueron embarcados en un puerto próximo a Shanghai, desde donde viajaron hasta Barcelona. Rasfer Internacional S.A los recibió y reenvió al puerto panameño de Colón.

La empresa panameña Medicom lo entregó a la Caja de Seguro Social de Panamá, que analizó el producto para determinar la calidad y pureza de la glicerina, pero no comprobó si contenía sustancias tóxicas. Tras ser elaborado el jarabe, fue distribuido por todo el país. La ola de fallecimientos y denuncias provocó un nuevo análisis en el que apareció el dietilenglicol.

Otros productos chinos contaminados fueron retirados del mercado centroamericano, como la pasta de dientes Mr. Cool, de la cual las autoridades panameñas decomisaron en 2007 más de 90 mil tubos.

En 2006 más de 50 personas murieron en Panamá por la misma causa: un jarabe para la tos contaminado con dietilenglicol. En todos los casos las sustancias contaminadas provenían de China.

El final de esta tragedia fue la ejecución por condena del director de la Administración Estatal de Alimentos y Medicamentos de China, Zheng Xiaoyu, en julio de 2007.

El Tribunal Popular Supremo de China lo ejecutó por corrupción y negligencia de funciones. Sin embargo, la ejecución del funcionario no resolvió las dudas internas de regulación, supervisión de productos de consumo y control que tañen al partido comunista chino.