China era un país diferente cuando, el 24 de abril de 1999, Jinying Gao tomó un tren hacia Beijing desde su ciudad natal, en la provincia de Liaoning.
Gao, quien practica Falun Gong desde 1994, puso en marcha una misión de fe con poco más que una camisa en su espalda para un viaje de seis horas hasta la capital de su país. Con su esposo, también practicante, a su lado, llegaron a Beijing en medio de la noche. Miles de practicantes de Falun Gong también esperaban el amanecer en la estación de tren.
Los viajeros, cuyo número eventualmente subió a 10.000, llegaban de todos los rincones de China. Apelaban al régimen central por el caso de 45 practicantes de Falun Gong encarcelados en la ciudad de Tianjin, arrestados y golpeados después de días de apelaciones por un artículo difamatorio sobre Falun Gong en una revista juvenil.
“En China, los medios bloquearon las noticias [de los arrestos]”, recuerda Gao, de 64 años de edad, 17 meses después de haber escapado hacia los EE.UU.
Falun Gong es la práctica de qigong más popular en China. Hacia 1999 se estimaba que entre 70 y 100 millones de chinos estaban practicando. Pero en la China de hace diez años, al igual que hoy, ser popular en la sociedad era sospechoso para el partido comunista.
Tres años antes, el partido comunista chino (PCCh) y el entonces líder, Jiang Zemin, comenzaron a ver a la popularidad de Falun Gong como una amenaza. El Beijing Youth Daily había catalogado al principal libro de la práctica, Zhuan Falun, como el mejor vendido en 1996. No mucho tiempo después, el régimen emitió un aviso en toda la nación que prohibía la distribución de todas las publicaciones de Falun Gong.
Durante esos años, hubo otros problemas que eventualmente llegaron a una verdadera persecución organizada por el Estado. Varios medios de comunicación controlados por el régiimen central comenzaron a transmitir y a publicar informes negativos sobre Falun Gong. Noticias del Diario Guangming de 1996 y de la Televisión Beijing en 1998, difamaban directamente a Falun Gong.
A pesar de las crecientes restricciones y ataques de los medios, la práctica continuó creciendo en popularidad.
“Falun Gong es tan bueno, después de comenzar a practicar me beneficié mental y físicamente, me sentí muy, muy feliz”, dice Zhenyu Jin, quien también viajó a Beijing en abril de 1999 para apelar. “Sabía cómo ser una buena persona y mi familia se volvió armoniosa”. Las peticiones de los practicantes en Beijing tenían básicamente, tres objetivos principales, que eventualmente pudieron comunicar al entonces primer ministro Zhu Rongyi. “Queríamos decirle [al régimen] la verdad sobre Falun Gong”, comenta Gao. “También, que permitieran la publicación de los libros [de Falun Gong] y que liberaran a los practicantes de Tianjin”. La apelación fue exitosa y los arrestados en Tianjin fueron liberados en la noche del 25 de abril. Pero los eventos de ese día pronto fueron usados por el PCCh para incriminar a Falun Gong por “protestar” y “rodear” Zhongnanghai, el edificio del partido que está cerca de la Plaza Tiananmen.
Sin embargo, los relatos de numerosos testigos, filmaciones y fotografías de los eventos de ese día, que duraron desde la salida hasta la puesta del sol, contradicen la posición del régimen. En las numerosas grabaciones de video y fotografías que aún están disponibles en Internet, no se ven pancartas, consignas ni protestas.
“El informe del PCCh dice que había 10.000 practicantes rodeando Zhongnanhai”, recuerda Gao, y agrega que las acusaciones que hablaban de agresión por parte de los practicantes son falsas. “No estábamos en Zhongnanhai ni cerca de allí, estábamos alineados en la calle Fuyou”. La conocida calle está al suroeste del edificio del que se los acusa rodear. Después de eso, la situación de los practicantes de Falun Gong en China se deterioró rápidamente. Varios de los que habían ido a Beijing para apelar por los arrestos en Tianjin pronto se dieron cuenta de que eran vigilados, observados y seguidos; incluida Gao, a quien se le había designado incluso, una compañera de trabajo asignada para vigilar cada movimiento suyo durante el día. El 20 de julio de 1999, Jiang Zemin determinó que practicar Falun Gong era ilegal, convirtiéndolo en una ley estatal. Decenas de miles de practicantes fueron rodeados, detenidos y arrestados. Algunos, como Gao, incluso durante años. “El 20 de julio, registraron mi casa y me arrestaron”, relata Gao, cuyo esposo no se encontraba en la casa cuando se la llevaron. La encarcelaron durante un año, durante el cual estuvo varios meses en reclusión solitaria. “En China la policía es muy mala”, dice. “No necesitan una razón para arrestarte”. Aún conociendo hoy las represalias que siguieron a sus acciones, Gao no muestra ningún resentimiento por su decisión de apelar por los arrestos de Tianjin. Cuando se le pregunta si lo haría nuevamente, si aún tomaría el tren durante seis horas, simplemente dice, “Sí”.
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