El Tribunal de Lhasa ha condenado a muerte a dos tibetanos por haber incendiado varios establecimientos textiles durante las protestas de marzo de 2008. Sin embargo, al parecer, dicha sentencia será suspendida durante dos años y convertida finalmente en una pena privativa de libertad. En marzo de 2008, 6 chinos murieron al ser incendiados sus comercios en Lhasa, aunque el régimen de Beijing elevó la cifra de víctimas a 21.
Según fuentes tibetanas en el exilio, tan fiables como las ofrecidas por el régimen chino, más de 200 tibetanos murieron en los violentos enfrentamientos de marzo. Pero al margen de la guerra de cifras, lo que sí está claro es la magnitud de la represión comunista en el Tibet desde que las tropas de Mao invadieron la región a sangre y fuego. Hoy, el Tibet es el estercolero radioactivo de la República Popular China. Sus ríos y lagos están contaminados. Sus bosques han sido arrasados. Su patrimonio cultural fue devastado hace tiempo y la libertad de sus gentes permanece, como la de todos los chinos, secuestrada.
Fuente: Asianews.it