El mahometano cantaba una canción bucólica y melancólica cuando fue interrumpido por su imprudente esposa. Acto seguido, el hijo de Alá, se vio en la obligación de corregir a su cónyuge, utilizando para ello las manos y los pies.
Cuando una mujer musulmana se niega a vestir como una cucaracha, es deber del marido advertirla de las consecuencias que de tal negativa se derivan. Y tales consecuencias no son otras que el jarabe de palo.
Voila, une femme. Es desobediente y descocada. No cubre su rostro con trapos negros como establece el Corán. Su consorte, macho musulmán piadoso, está hasta el escroto de la nefasta coquetería de la señora y la alecciona a la manera multicultural e islámica.
Esta esposa y madre murió camino del hospital. Su asesino y esposo fue condenado a una multa. Cosas de Arabia.
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Estos niños que juegan a las ejecuciones están siendo educados en los valores de "la tolerancia y la paz", como predican la izquierda europea y su Obamidad.









4 comentarios:
Querido Juan, no por verlo más veces deja de ser algo que me produce verdadero espanto. Pero no se puede cerrar los ojos a la verdad, ¿no?
Te enlazo la entrada en una mía a propósito de los burkinis.
Un abrazo.
Tremendo lo que tiene que vivir esa gente. Pobres mujeres...
Espero que esto un día deje de suceder. Gracias por el blog.
Pablo.
http://www.dracux.com.ar
es la realidad de lo que hay lo cual es conveniente poner freno a la barbarie santyago
Lo peor de todo es constatar como aun con la evidencia diaria de lo que es el islam, occidente no reacciona.