viernes, 29 de julio de 2016

Las perversiones sexuales de Mahoma

Zakarías Botros es un sacerdote de la Iglesia ortodoxa egipcia que vive en el exilio desde hace años. En su país le declararon enemigo público, los secuaces de Al-Qaeda, siempre tan rumbosos, juran por Alá que pagarán 60 millones de dólares a quien les entregue su cabeza… y no hay en el mundo seguidor del “Profeta” que no sienta hacia el venerable clérigo inquina y resentimiento, entre otras razones, porque la verdad duele.

El padre Zakarías, cuyo hermano fue brutalmente asesinado por predicar el Evangelio a mahometanos en Egipto, es un gran conocedor de los textos islámicos y, por lo tanto, cuando hace una afirmación sobre la depravada vida de Mahoma aporta las fuentes…musulmanas, porque no precisa de otros documentos para demostrar cómo era en realidad la personalidad desviada de quien se proclamó “Enviado y Mensajero” de Alá.

Según las propias fuentes islamitas, Mahoma mantuvo un buen coito con una mujer muerta (concretamente en la tumba de la interfecta); se vestía de mujer para recibir los mensajes divinos; siempre se correspondían los deseos de Alá, curiosamente, con los suyos propios previamente manifestados; tenía inclinaciones homosexuales; gustaba de chuparle los pechos a su hija Fátima siendo ésta todavía niña; dijo que le “hincaría el diente” a la Virgen María en el Paraíso; introducía su lengua en la boca de niños y niñas; aparecía enteramente desvestido en presencia de sus creyentes; practicaba el sexo con mujeres menstruantes…cosa que él mismo había prohibido… y fue autor material de otros comportamientos ilícitos que por pudor omito.

Mahoma era un apasionado del embuste y la fabulación, pero también estaba adornado por una innegable tendencia a la hipocresía que rozaba lo cómico. Véase, por ejemplo, este hadiz recogido por Al-Bujari:

“De Abdullah Ibn Umar (…) pero un día que había subido al techo de una casa que teníamos vi al Mensajero de Alá, al que Alá le dé su gracia y paz, sobre dos ladrillos y de cara a Bait Al-Maqdis disponiéndose a descargar el vientre”(1).

Lo interesante de este pintoresco suceso es que el Mensajero había prohibido a sus seguidores hacer aguas mayores y menores en dirección a La Maca y Jerusalén, mientras que él situaba el conjunto de ambas nalgas donde le placía y sin necesidad de orientarse para tales menesteres íntimos por las constelaciones o la ayuda de una brújula.

Pero la fechoría sexual más conocida de Mahoma, y que hasta el día de hoy sigue produciendo estragos, es la relacionada con Aisha, quien es conocida en el mundo islámico como la Madre de los  creyentes, aunque jamás tuvo hijos.

Cuentan los hadices que Alá le dijo a Mahoma que se casara con Aisha. Y así lo hizo, aunque la pequeña novia sólo tenía 6 años. Cuando transcurrieron tres años, Mahoma consideró a su esposa-niña apta para el consumo sexual y perpetró con ella el acto matrimonial. Por esta razón, en Irán es posible el matrimonio con niñas de 9 años con autorización paterna y los más notables jurisconsultos islamitas defienden que esta edad es la óptima para que una “mujer” contraiga sus primeras nupcias.

Y este personaje siniestro es definido por los creyentes como un dechado de virtudes, como un ejemplo a seguir…
(1) Sahid Al-Bujari. Compendio de sus hadices por Iman Zainudín Ahmad. Madrasa Editorial (2008)

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