domingo, 30 de octubre de 2016

Centenares de manifestantes musulmanes exigen en Pakistán que la cristiana Asia Bibi sea ahorcada.

La cristiana Asia Bibi, de 50 años de edad y madre de tres hijas, fue condenada a muerte hace siete años, al considerarla el Tribunal Supremo de Pakistán autora de un delito de blasfemia. Asia, confinada en una celda de aislamiento, durante todo este tiempo ha recibido palizas, amenazas, coacciones para que se convierta a la fe de Mahoma…y puede ser ahorcada en cualquier momento.
Las hijas de Asia Bibi
Asia, descendiente de intocables convertidos al cristianismo, trabajaba como jornalera en los campos de un terrateniente. Un día, habiendo trabajado horas bajo un sol abrasador, sitió sed e intentó beber agua de un recipiente habilitado para todos los empleados, pero al ser una infiel sólo con tocar el recipiente contaminó el agua, por lo que los musulmanes la increparon airadamente. Se produjo un altercado, la cristiana dijo que Jesús había muerto por todos nosotros  y añadió: “¿Qué ha hecho Mahoma por la Humanidad”. Al escuchar sus palabras, los mahometanos presentes se enfurecieron e intentaron lincharla; la Policía la detuvo; las autoridades la acusaron de haber perpetrado un horrendo delito de blasfemia… y los jueces la condenaron a muerte.
Estos últimos días se han manifestado miles de seguidores del “Profeta” por todo Pakistán exigiendo que la cristiana blasfema, por fin, sea ahorcada. Y mientras que la triste vida de Asia pende de un hilo, Bergoglio lanza urbi et orbi sus milongas, sus melonadas, sobre los inmigrantes económicos musulmanes que penetran en Europa, pero omite todo comentario respecto a  los más de tres millones de católicos pakistaníes que padecen los rigores mortales del islam.
Cuando unos muslimes asesinaron a unos cuantos dibujantes de Charlie Hebdo, Bergoglio espetó sin sonrojo aparente: “Yo le daría un puñetazo a quien ofendiera a mi mamá”. Y no faltaron ingenuos que interpretaron tan desgraciadas palabras, que hedían, como una estrategia dirigida a salvar la vida de Asia Bibi. Pues, evidentemente, erraron el tiro.
Los córvidos sutiles han abandonado a Asia. Y sola, languideciendo en una lóbrega celda, espera la muerte. Por su parte, el argentino persiste, mediante su parloteo vacuo, en convencernos de que acojamos con los brazos abiertos a todo musulmán que ponga sus pies en Europa, de que respetemos con amor sus tradiciones enriquecedoras, pero… ¿Tendrá en alguna ocasión una palabra de censura que condene urbi et orbi las persecuciones de que son víctimas los cristianos de Pakistán o Egipto?
*En el islam paquistaní ha subsistido la idea de impureza contaminante del hinduismo.

No hay comentarios: