domingo, 20 de noviembre de 2016

Luis Companys, talibán y genocida.

Luis Companys
Cuando hablamos de los salvajes talibanes de Oriente solemos olvidar que en España, no hace tanto tiempo, se perpetró una persecución religiosa como no se había conocido desde los tiempos de la Roma pagana y la invasión islamita del año 711. Y dicen algunos que los elementos de Estado Islámico palidecen de envidia cuando conocen la dimensión y detalles de las masacres perpetradas en Al-Andalus por los milicianos izquierdistas de la Segunda República durante el periodo de 1936 a 1939. 

Uno de esos asesinos en serie, no menos esforzado en sus labores criminales que el carnicero de Milwaukee o "El Califa", fue el nacionalista catalán Luis Companys, una deyección de la Segunda República a la que le han puesto monumento y calle. Sobre este fétido personaje ha escrito un libro Javier Barraycoa titulado Los (des) controlados de Companys, en el que aporta datos y relata hechos relativos a la represión de la que el dicho Companys fue único y máximo responsable.


Según publica Dulce Cataluña (Dolça Catalunya) el aludido detritus nacionalista catalán creó 200 Comités de Milicias con el siguiente resultado:

Persecución neroniana contra la Iglesia: 2.441 asesinatos de religiosos (1.538 curas, 824 religiosos, 76 monjas), incluyendo 3 obispos catalanes. En agosto de 1936 las patrullas de Companys mataban 70 curas al día. Muchos eclesiásticos de las provincias fronterizas pudieron huir de la Cataluña de Companys. Por eso en Lérida fue exterminado el 65% del clero, en Tortosa el 62%, en Vic el 27%, en Barcelona el 22%, en Gerona el 20%, en Urgel el 205 y el Solsona el 13%. En fin, un 35% del clero de toda España fue asesinado en Cataluña. Por eso Companys le confesaba a Juan Simeón Vidarte hablando de los frailes: “De esos ejemplares aquí no quedan”.

Destrucción artística y cultural. Como escribió Juan Bassegoda Nonell, director de la Cátedra Gaudí: “Nunca en la dilatada historia de Cataluña se había producido un conjunto de daños contra el patrimonio artístico tan sistemáticamente organizado”. Salvo el rescate in extremis de Montserrat, la catedral de Barcelona y poco más, la Generalitat legitimó los expolios y destrucciones: joyas escultóricas, retablos barrocos, incunables, las pinturas de Sert en la catedral de Vich… Incluso el canónigo catalanista Martí Bonet habla de “el martirio de los templos”. En Barcelona ardieron 500 iglesias, incluida la Sagrada Familia: todas menos 10. Se profanó la tumbá de Gaudí, se quemaron 464 retablos de valor incalculable, se silenciaron las campanas.

Asesinatos por militancia política: Companys acabó con 1.199 carlistas, 281 lligaires, 117 de Acción Popular Catalana, 110 del Sindicato Libre, 108 falangistas, 213 de la CEDA, 70 de Renovación Española, 36 de la Unión Patriótica. 

Asesinatos de periodistas: 54 víctimas. Coses de la llibertat de premsa sota la Generalitat nacionalista.Asesinatos de nobles: 31 víctimas. Asesinados del Círculo Ecuestre: 52 víctimas. 


Asesinatos de poetas y literatos: al menos 17 víctimas. “El terror acabó apagando el genio cultural catalán de toda una generación. La lista de intelectuales emigrados superaría con creces a la de los que se quedaron”, dice Barraycoa.

Estos son los hechos...que cada cual saque sus conclusiones.

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