martes, 3 de enero de 2017

Carlos dijo a los terroristas de E.I que lo torturaban: “Moriré con honor, porque soy un cristiano orgulloso de mi fe”

"Carlos", un cristiano jordano que ahora reside en España, fue capturado en 2014 por los terroristas de Estado Islámico, quienes le propusieron una oferta que no podía rechazar: convertirse a la secta de Mahoma o pagar 300 dólares en concepto de jizya. Como el cristiano no quiso abonar a los mafiosos musulmanes la citada suma “por protección” y tampoco se manifestó dispuesto a cambiar de credo por la coacción y la amenaza, fue conducido a un lugar donde se le aplicó tormento.

En el centro de tortura, Carlos, maniatado con alambre de espinas, permaneció suspendido de una pierna y boca abajo mientras lo atormentaban con descargas eléctricas y golpes; también le clavaron en diversas partes del cuerpo clavos y en las heridas le arrojaron sal; le conminaron a que aceptase como ciertos los embustes de Mahoma, pero como se negó fue trasladado a un tribunal islámico de Mosul para que dictase sentencia de muerte.

El “juez” del tribunal advirtió por última vez a Carlos que únicamente tenía una alternativa: convertirse al islam o morir. Y la respuesta a la disyuntiva planteada fue tan clara como escueta:” “Moriré con honor, porque soy un cristiano orgulloso de mi fe”.

 Una vez fue firmada la sentencia de muerte, los hampones islámicos llevaron en automóvil al maltrecho cristiano a un lugar solitario a las afueras de Mosul, sin embargo, cuando el verdugo se disponía a dispararle un tiro en la cabeza, la llamada telefónica de un superior dejó sin efecto la ejecución.

Los delincuentes musulmanes abandonaron a Carlos malherido en el mismo lugar, no sin antes descargar sobre él golpes y patadas. Con las pocas fuerza que le quedaban caminó sin rumbo, a ninguna parte, hasta que perdió el conocimiento. Despertó en un hospital de Kurkuk, donde unos misioneros cristianos le hicieron las primeras curas, pero también le comunicaron que una de sus piernas debería ser amputada. Pero Carlos tuvo suerte, ya que fue enviado a España para ser tratado de sus graves heridas y pudo salvar su pierna. 

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